Yo también estoy decepcionado

Como todos podemos ver ya, las campañas han empezado. Los discursos están en la televisión, las promesas en el radio, y las propuestas en las calles. Si les soy honesto, ya me da igual qué partido gane mi delegación. Francamente, me da lo mismo el partido que gane la diputación local y no creo que exista tanta diferencia si gana el PRI el PAN o el PRD la diputación federal. Desde luego que dentro de los candidatos existen algunos perfiles un poco más serios que otros, sin embargo, en general, de ninguno espero mucho. Que no espere mucho no quiere decir que no sea algo importante, o que no vaya a votar. Definitivamente soy un fiel creyente del voto informado, pero lo que hoy en realidad me quita el sueño no son los candidatos o los partidos. Eso, estoy seguro, no es lo más preocupante del escenario.

Estar decepcionado de los candidatos y de los partidos es casi un deporte nacional. Gane quien gane hará cosas buenas (aunque no nos atrevamos a reconocerlo) y será criticado por las cosas malas (aunque no les guste). Lo verdaderamente delicado, lo que resulta sumamente preocupante es la falta de fe que nos tenemos ya a nosotros, lo mexicanos. La indiferencia que existe entre nosotros. Que no nos importe el vecino, que ignoremos nuestra calle, que nos dé lo mismo qué ocurre con nuestra vida; que en verdad no importe nuestro futuro.

Hay algo que no estamos viendo mientras criticamos a los políticos o al gobierno: en los partidos, en los congresos (federal y locales), en las secretarías, en las policías, en las presidencias municipales, en todos ellos trabajan mexicanos. La señora de la ventanilla del SAT es vecina, el policía que acepta mordida es amigo, el juez que se vende es tío, el diputado que pide moche es primo y todos ellos son mexicanos.

 El partido del que vengan o la dependencia en la que trabajen, en realidad, da igual. Lo preocupante no son “los políticos”, lo decepcionante no son los diputados, lo triste es que todos ellos son mexicanos. Lo lamentable es que no estamos aceptando nuestra responsabilidad. Ha sido muy sencillo señalar al gobierno como si fueran de Marte. Ojo, no digo que esté mal criticarlos, o que los perdonemos porque somos mexicanos. Lo que quiero transmitir es que si no nos damos cuenta que el problema no es un partido o un gobierno o un cargo público, el problema nunca se va a resolver.

 No soy el primero que lo dice, pero pareciera que nunca lo hemos escuchado. Las instituciones (partidos, gobierno, empresas) están podridas porque las conducen personas que no son honestas, que no fueron educadas, que no tienen consciencia de cómo afectan a su país, no porque pertenecen a un partido político o porque decidieron dedicarse al servicio público. Hoy no importa el partido que gane porque en todos hay buenos (hay que buscarlos) y malos (hay que señalarlos). Perder la fe en todas nuestras instituciones es perder la fe en todos los mexicanos. Yo estoy decepcionado, igual que ustedes, pero no podemos perder la fe. Quizá si nos preocupáramos más por la educación en casa, por la limpieza de nuestras calles, por la educación vial, por cultivar el hábito de la lectura, por dar el ejemplo, por generar oportunidades honestas de trabajo, por la alimentación de los niños, quizá entonces (como por arte de magia) nos dé igual quién gane porque sabremos que en el partido que sea habrá un candidato educado, estudioso, trabajador y honesto.

Un comentario en “Yo también estoy decepcionado

Deja un comentario